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Antes de empezar aclararé que esta historia es verídica al 100%
Pues salíamos Sinéad y yo de comer tapas del Navarro's (donde trabaja la Muty, gracias por cierto por invitarnos al postre y al café). Íbamos andando en dirección a la entrada al metro cuando a la susodicha le entra hipo. Mi primera reacción, supongo que por deformación profesional, fue buscarle una solución al asunto. Cómo lo de no respirar y lo del susto está ya muy visto y la mitad de las veces no funciona, eché mano de la imaginación:
- Tienes que contar hasta once en alemán y sin respirar.
- Venga ya *hip*.
- Qué sí, en serio --cualquier mentira dicha con la suficiente convicción parecerá verdad--.
- Pero yo n... *hip* no sé contar en alemán.
- Bueno, yo sí, te voy diciendo y tú repites.
- Ok...
Sinéad deja de respirar y yo empiezo a contar.
- Eins.
- Eins.
- Zwei.
- Zwei.
- Drei.
- Drei.
- Fünf.
- F...
- Espera, espera... que me he equivocado...
Recupera la respiración.
- Es que he dicho cinco en vez de cuatro. Hay que empezar de nuevo.
- Joder...
- Venga, va... eins.
- Eins.
- Drei... joder, otra vez, ahora me he saltado el dos.
- Así no se me *hip* va a quitar nunca.
- Venga que sí, que ahora cuento bien.
Vuelve a dejar de respirar.
- Eins.
- Eins.
- Zwei.
- Zwei.
- Drei.
- Drei.
- ...
Seguimos contando hasta llegar a once:
- Elf.
- Elf.
- Ya está.
Juro que se le quitó. Ella no se lo podía creer ni yo tampoco, pero así fue. Así que para la próxima ya sabéis cómo quitaros el hipo: así.
