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Está haciendo un fin de semana que ya lo quisiera yo para lo que queda de verano, aunque me temo que va a ser que no. No sé en cuanto está la máxima, pero creo que no andamos lejos de los 25 grados, que para cualquier local se traduce en temperaturas extremas, ponerse rojo, y sacar las pintas (y las mesas y las sillas si hace falta) fuera del pub. Ni que decir tiene que las terrazas se llenan hasta los topes por una vez y que los parques parecen las playas de la Costa del Sol en agosto, todos llenos de gente medio en pelotas, tumbados en sus toallas enseñando sus carnes blancas...
Así que en vez de estar aquí escribiendo me piro. Ya me pasé ayer el día fuera (hasta he cogido un poco de color, pese a usar protección) y hoy pienso hacer lo mismo. Quedarse en casa en Irlanda con un solano así es básicamente impensable.
Protegiéndome del terrible sol en mi terraza.
El paraguas como sombrilla es chino/japoné total. Estoy por Camboya y aquí también todo el mundo va por la calle con uno y yo abrazándome vivo para disfrutar de estos 36 grados benditos que el invierno ha sido muy largo y muy duro y ya echaba de menos el sol
