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Como suele ser habitual, Londres no me defraudó. Ya he perdido la cuenta de las veces que he ido pero esta ciudad sigue sin cansarme y sin dejar de sorprenderme. Lo único que me defraudó fue que la nube de ceniza no pasara a la misma hora a la que salía mi avión y que lo cancelaran... cancelaron los de la mañana y los del día siguiente. El mío, que era por la tarde, ni siquiera se retrasó un poquito, así que me quedé sin excusa para escaquearme unos días más del trabajo.
Pues eso, esta vez repartí mi tiempo y estuve casi de visita en visita...
El viernes, mi anfitriona Sinéad no tuvo colegio, así que se vino conmigo de turisteo. Lo más destacado creo que fue cuando nos montamos en un barco en el Támesis con la idea de ir del punto A al punto B (ya no me acuerdo cuales eran los puntos exactamente), pero por lo visto nos despistamos en la última parada, el barco dio media vuelta y terminamos en el punto de partida de nuevo, donde nos bajamos. La verdad es que íbamos sin rumbo fijo, así que nos dio un poco igual.
El Big Ben y compañía al fondo
El sábado por la mañana (a la una o así...) quedé con la Muty y nos fuimos a ver una exposición en el National Gallery. De ahí nos fuimos a comer a un chino al Soho. La verdad es que nos costó decidirnos... el segundo sitio al que entramos, después de sentarnos nos tuvimos que largar porque nos pusieron en una mesa en el sótano en la que había una peste a barniz insoportable. Le contamos un rollo al chino de turno y salimos por patas. Al final acabamos en un restaurante bastante chulo y nos hartamos de dim sum, que en castellano de hoy en día vienen a ser tapas chinas (claro que decir dim sum queda mucho más guay).
La Muty con mis gafas de pasta 3D
Después de comer y de un cafetazo, la Muty se fue al curro con menos ganas de trabajar que la Belén Esteban y yo me fui para Old Town, donde había quedado con mi amiga Ida Rode que, casualidades de la vida, también estaba en Londres de fin de semana. Después de un par de pintas y tal, se unio Sinéad al evento y acabamos unos cuantos en un garito de estos frikis que tanto abundan en Londres, hasta no muy tarde, la verdad, que ya no estamos para esos trotes...
Ida y Sunna despendolándose en la pista de baile
Al otro lado de la barra había una vírgen (una estatua, evidentemente...)
Aquí es cuando a mi se me pone "cara de tonto" (o eso dicen)
El domingo quedé con Laia, que lleva en Londres casi lo mismo que yo en Dublín y a la que conocí más o menos cuando los dos llegamos a nuestros destinos. Desde entonces, casi cada vez que voy a Londres nos hemos visto aunque sea para echar una cerveza rápida. Apareció con su prima que también estaba de visita de fin de semana (parece como que a la gente le mola esto de desafiar a la nube de ceniza...) y estuvimos comiendo y luego haciendo el chorra por el mercado de Brick Lane, que es sin duda una de las zonas más interesantes y llenas de gente rara que hay en Londres. Brick Lane es la verdadera zona alternativa londinense. Camden Town, que también es muy friki, es sin embargo mucho más para turistas.
A ver quien adivina cómo esta hecho este dibujo... la solución aquí
Aquí la Laia mostrando orgullosa el falo londinense más conocido, obra de su jefe, Sir Norman Foster
El domingo acabó, después de un salto hasta Greenwich, en Brick Lane de nuevo, donde había quedado con Sinéad. Apareció con un regalo que tuve que intentar adivinar con el envoltorio, pero evidentemente acabé desistiendo: helado para astronautas. Lo gracioso de esto es que no es broma, es verdadero helado que se desarrolló originalmente para las primeras misiones del Apollo. Por lo visto cogen el trozo de helado (que era de estos de corte, de fresa, nata y chocolate), lo congelan a cuarenta grados bajo cero, lo secan al vacío y lo ponen en un no-sé-qué especial. El caso es que no está frío y no pesa casi nada, tiene una consistencia parecida al merengue este duro, pero se derrite en la boca exactamente igual que el helado y el sabor es el mismo. Una verdadera pasada...
Posando orgulloso con mi presente
Y el lunes, después de levantarnos bastante tarde, nos fuimos de paseo a Camden a hacer un poco el turista y por la tarde nos fuimos a respirar aire puro a un bosque bastante impresionante que hay por la zona Wanstead... es increíble que en Londres haya tantos parques y algunos tan increíblemente enormes y salvajes...
Camden Town
Y el parque
Y el martes a casa.
Y ahora, como cada vez que voy a Londres, me paso una semana planteándome si merecería la pena irse a vivir allí un par de añitos... no sé, no sé...
Lo de la cara de tonto no es ningún decir, jeje
