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Ayer le contaba esta historia a la Ruty, después de que me invitase a cenar en su nueva casa:
"Pues me siento a comer en la cantina y a los dos minutos se sienta una chica a mi lado. Como se sienta enfrente de tu amigo, pienso que es amiga suya. Saluda y le digo hola. Pienso que la conversación se va a quedar ahí pero no...
- Trabajas con esta gente?
- No, bueno, yo en realidad conozco a la Ruty -la señalo- a través de un amigo común.
- Conoces a Fulanito? -señala a un chaval sentado un par de sillas más allá-.
- Me lo acaban de presentar.
- Yo trabajo con él.
En ese momento pienso que se quería sentar con él porque es el único al que conoce en el grupo, pero como no había sitios libres se ha puesto a mi lado. Y como no tiene nada mejor que hacer, sigue:
- Y en qué departamento trabajas entonces?
- En el Shared Services.
- Ah, y eso que es? No me suena de nada...
Se lo explico.
- Pues yo trabajo para Kone.
Por un momento me creo que se dedica a arreglar los ascensores del edificio, luego me doy cuenta que es simplemente el cliente para el que curra.
Intento prestar atención a la conversación del otro lado de la mesa, que me interesa más, pero ella sigue, muy a mi pesar:
- Y cuanto tiempo llevas aquí?
- Unos dos años, pero sólo vengo una vez a la semana por aquí porque normalmente trabajo offsite. Y tú?
No me acuerdo lo que me dijo. El caso es que seguimos con el de dónde eres y tal y cual. Antes de que empezásemos a hablar del tiempo, que era lo que tocaba, llega un amigo suyo italiano que se sienta enfrente y por fin me deja en paz".
Comentando todo esto, le digo a la Ruty cuánto odio estas conversaciones forzadas con desconocidos que te hacen preguntas a las que no te apetece responder. No me gusta contarle la vida a alguien que sé que no volveré a ver y tampoco me gusta tener que preguntar, por pura cortesía, "y tú?", cuando en realidad no me importa una mierda.
Ruth, con su ingenio agudizado desde que ha dejado de fumar, concluyó:
- Conversaciones de ascensor... pues normal, trabaja para Kone, qué esperabas?
